Había una vez una pata que había puesto cuatro huevos…
Mientras los empollaba, un zorro atacó el nido y la mató.
Por alguna razón no llegó a comerse los huevos antes de huir, pero estos quedaron abandonados en el nido.
Una gallina clueca que pasó por allí, encontró el nido sin cuidados y su instinto la hizo sentarse sobre los huevos para empollarlos.
Poco después nacieron los patitos y, como era lógico, tomaron a la gallina como su madre y caminaron en fila tras ella.
La gallina contenta con su nueva cría, los llevó hasta la granja. Todas las mañanas después del canto del gallo, mamá gallina rascaba el piso y los patos se esforzaban por imitarla.
Cuando los patitos no conseguían arrancar de la tierra un mísero gusano, la mamá sacaba para todos sus polluelos, partía cada lombriz en pedazos y alimentaba a sus hijos en sus propios picos.
Un día, como otros, la gallina salió a pasear con su nidada por los alrededores de la granja. Sus pollitos, disciplinadamente, la seguían en fila.
Pero de pronto, al llegar al lago, los patitos de un salto se zambulleron con naturalidad en la laguna, mientras la gallina cacareaba desesperada pidiéndoles que salieran del agua.
Los patitos nadaban alegres chapoteando y su mamá saltaba y lloraba temiendo que se ahogaran.
El gallo apareció por los gritos de la madre y se percató de la situación.
—No se puede confiar en los jóvenes –fue su sentencia— son unos imprudentes.
Uno de los patitos que escuchó al gallo, se acercó a la orilla y les dijo:
—No nos culpen a nosotros por sus propias limitaciones.
—No pienses, Demián, que la gallina estaba equivocada.
No juzgues tampoco al gallo.
No creas a los patos prepotentes y desafiantes.
Ninguno de estos personajes está equivocado, lo que sucede es que ven la realidad desde miradores distintos.
El único error, casi siempre, es creer que el mirado en que estoy, es el único desde el cual se divisa la verdad.
El sordo siempre cree que los que danzan están locos
Quise comenzar este post, con un cuento de Jorge Bucay que ilustra perfectamente el poder que encierran las creencias para la vida.
¿Cómo identificarlas? ¿Cómo transformarlas para el mejor beneficio y resultado? ¿Todas ellas son negativas para la persona?
Desde la mirada de Apreal, las creencias “tiñen los lentes” con los que se construye la realidad; ellas conforman la personalidad, son algo así como el Documento de Identidad, dan un lugar de pertenencia a una tribu, grupo, familia.
Estos estados psíquicos subjetivos que la persona consideran como verdaderas, resultan en algunos casos potenciadoras, otras impiden o actúan a modo de obstáculo para lograr objetivos, alcanzar metas…
Desde la práctica con Memoria Celular, es posible intervenir en la información guardada en las células y dar respuesta. Es posible detectar también, esos patrones que obstaculizan, que detienen un proyecto de vida, un estado de salud, etc.
Lejos de calificarlas como verdaderas o falsas, éstas pueden ser abordadas de acuerdo con el contexto en el que se manifiestan sumando o restando posibilidades; agilizando o retrasando el encuentro con la Mejor Versión de sí mismo…
Haciendo Memoria para recuperar la propia historia.
Elisa Dopaso

