En esta oportunidad, me ocuparé de escribir acerca de esas emociones que nos invaden sin pedir permiso, y que – sin darnos cuenta- resultan destructivas y dan como resultado infelicidad, frustración, impotencia, inseguridad, desconfianza, etc.
Muchas veces sucede que las emociones sobrevienen con tan sólo prender la tele y conectarnos con las noticias o con la realidad ¿A quién no le ha pasado, sentir enojo ante la injusticia? ¿O impotencia, ante lo que nuestro cerebro entiende como maldad?
Ahora, si extrapolamos esto a la relación con el otro, con las personas que amamos, o con quienes tenemos más cerca, ¿cuántas veces sucede que esas emociones nos invaden? Y el resultado es que también tienen un efecto corrosivo…
Por ejemplo: una persona que siente miedo a perder a su pareja, a ser abandonada y reemplazada, podría tener apego excesivo y esto llevaría, tal vez, a un exceso de control sobre su pareja. ¿Es así? Y aquí está el punto: en este exceso de control, la emoción destructiva es el miedo y viene acompañada de un desgaste, un gasto de energía para la persona que lo ejerce.
Sabemos que toda emoción responde a un patrón guardado en nuestra mente, y esto está ligado con lo que cada uno observa de la realidad. Entonces, ¿qué cosas nos aporta la realidad que nos llevan hasta esos patrones? (Así, en el ejemplo anterior, podríamos pensar: ¿qué hay detrás del miedo de perder a la pareja?).
A esta altura, si seguís leyendo este artículo, tal vez, es porque buscás elementos y herramientas que colaboren con la mejora de ciertas emociones y, por lo tanto, con tu crecimiento personal.
La buena noticia la tiene la biología del cerebro porque puede cambiar sus patrones y estructuras, como respuesta a esquemas de pensamiento y experiencias. Esta capacidad que posee el cerebro -mediante un trabajo consciente- de cambiar y de transformar patrones emocionales destructivos en constructivos se llama neuroplasticidad.
En primer lugar, para empezar a cambiar patrones, necesitamos identificar claramente las emociones constructivas. ¿Qué son? Todos aquellos estados de ánimo y sensaciones positivas como la alegría, la gratitud, la serenidad, el interés, la esperanza, el orgullo, la inspiración, etc.
Retomando nuestro ejemplo, pasar una emoción destructiva a una constructiva significaría pasar del miedo de perder a la pareja a la tranquilidad, el valor, la audacia.
Y ahora, ¿qué hacemos?
Te propongo tomarte unos minutos para la actividad que sigue:
- Paso 1: Elegí una experiencia, la primera que llegue a tu mente, en la que vivenciaste una emoción destructiva.
- Paso 2: Dentro de esa experiencia, identificá la emoción que corroe tu bienestar y pensá cuál es el pensamiento que se esconde debajo de ella. Escribilo en un papel.
- Paso 3: Registrá las consecuencias que esa emoción generó o genera en tu vida, en la relación con los otros y en tu cuerpo.
- Paso 4: Buscá la emoción opuesta. Por ejemplo: si la emoción es enojo, la opuesta es amor; si la emoción es tristeza, la opuesta es alegría.
- Paso 5: Realizá una meditación basada en la experiencia inicial, pero esta vez vivenciando la emoción constructiva.
(Por ejemplo: siguiendo con el caso anterior, la persona que detectó su emoción destructiva de miedo a perder a su pareja, podría visualizarse vivenciando tranquilidad, valor, audacia, teniendo conversaciones efectivas con su pareja, brindándole aquello que siente que no le dio, imaginando un viaje juntos para reencontrarse, etc.)
¿Creés que es posible cambiar? ¡Acordate de que contás con el apoyo de tu cerebro!
Desde una emoción constructiva, animate a este desafío.
Lic. Elisa Dopaso
Directora de Apreal. Licenciada en Gestión Educativa. Máster en Docencia Universitaria. Especialista en Neurodidáctica y Brain Gym. Facilitadora de Touch For Health. Facilitadora de Terapias Energéticas Breves. Coach Ontológica Certificada. Especialista en Primeros Auxilios Psicológicos. Ex-docente de la Maestría en Coaching y Cambio Organizacional, USAL. Profesora de Química y Química Aplicada. Experta en Primeros Auxilios Psicológicos..

